Deconstruyendo a Marx
Karl Marx (1818-1883) es considerado uno de los más grandes teóricos del materialismo una corriente contrapuesta al idealismo, nacida en la antigua Grecia de la mano de Demócrito y Epicuro. En síntesis el materialismo trata de que no existe otra realidad más allá de la materia que nos rodea, llámese esta naturaleza o sociedad, no existen por lo tanto mundos ideales o inmateriales, se trata de explicar lo real desde lo real, lo que constituye en sí el origen de la filosofía donde se renuncia a una explicación de carácter divino.
De
este modo la filosofía de Marx apuesta al estudio de los mecanismos de
funcionamiento de la sociedad y la historia. Así como joven hegeliano se alinea
con el postulado de “lo racional es lo real” e invierte la tesis de su maestro
ya que considera que es la evolución histórica de las sociedades las que
condicionan el pensamiento, en otras palabras la realidad material es la que
produce las ideas y no al revés como pensaba Hegel, (Aragües, 2015).
A
estas condiciones materiales, económicas y sociales de la sociedad, Marx las
llamó base de la sociedad, mientras que, cómo se piensa en una sociedad, qué
clase de instituciones políticas se tienen, qué leyes y lo que no es menos
importante, qué religión, moral, arte, filosofía y ciencia, Marx lo llama
supraestructura de la sociedad, la cual es un reflejo de la base. También
señala que es el modo de producción de una sociedad el que decide las
condiciones políticas e ideológicas.
En
todas las fases de la Historia ha habido, según Marx, una lucha entre dos
clases sociales. En la sociedad de esclavitud la lucha estaba entre el
ciudadano libre y el esclavo; en la Edad Media entre el señor feudal y el
siervo; más adelante entre el noble y el
burgués y en la época industrial o de la sociedad burguesa, el conflicto se
presenta entre el capitalista y el obrero, lo que se resume en el antagonismo
histórico entre los que poseen o no los medios de producción. A Marx le
interesaba especialmente, la transición de una sociedad capitalista a una
sociedad comunista, en una primera fase se impondría la dictadura del
proletariado, para después pasar a una donde nadie sería dueño de los medios de
producción y por lo tanto desaparecían las clases sociales (Gaarder, 2008).
En
cuanto a las críticas que pueden hacerse a las ideas de Marx, es difícil intentarlo
sin caer en el terreno de la economía y de la política y abordarlo desde lo
puramente filosófico, lo cual es consecuencia directa de su pensamiento pues
sostenía que la filosofía no debía quedarse en lo meramente especulativo, sino
pasar a la acción, de este modo creía que podría resolver un problema y que a
la larga la solución iba a contribuir con la felicidad de la especie humana.
Entre
las críticas realizadas por otros filósofos se tiene la de Bertrand Russell
(1872-1970), para quien Marx se enfocó en los problemas generales de su época,
pero descuidó los aspectos particulares y hechos cotidianos que los
circunscriben, por lo que se ocupó principalmente en una objetivación extrema
de una revolución inevitable, también le cuestiona el ser antropocéntrico, ya
cuando después de surgida la Teoría Heliocéntrica, el hombre había perdido el
protagonismo, (Salmerón, S/F).
Por
otra parte Karl Popper (1902-1994), critica a Marx su fomento de una teoría que
pretende desde el esencialismo, la idea de que la historia se compone de leyes
inamovibles, (González, 2020). Recordemos que el esencialismo es la doctrina que
sostiene la supremacía de la esencia sobre la existencia como problema
ontológico y metafísico. Repasando la definición de esencia en el plano
filosófico, esta se refiere a la cualidad de las cosas e indica lo que permanece
invariable y no puede existir fuera de estas (Pantoja y Zúñiga, 2006), en consecuencia,
Marx sería esencialista por su concepción de la historia como invariable, ya
que señala la existencia permanente de una lucha de clases basada en la
propiedad de los medios de producción.
También
se le critica su visión determinista de la historia al punto tal que considera
inevitable la caída del capitalismo producto de la revolución de los obreros,
quienes se alzarían ante los salarios cada vez más bajos. Este hecho que estaba
destinado a acontecer en las sociedades industriales de la época, no ocurrió
por varios factores, el más evidente es que los salarios no bajaron sino que
subieron, que el capitalismo mutó y las condiciones laborales en general
mejoraron (El Blog Salmón, 2018).
Es creíble
asumir que las circunstancias del trabajo mejoraron gracias al surgimiento de
los sindicatos, los cuales se basaban en gran medida en las ideas de Marx y que
ante el temor a la interrupción de la producción, los dueños de la fábrica
prefirieron mantener contento a sus trabajadores, pero el caso es que Marx dijo
que la revolución sería inevitable suponiendo que el capitalismo era incapaz de
revisarse y corregir. Posteriormente a Marx han surgido teorías que señalan que
un trabajador feliz es más productivo, lo que ha cambiado la mentalidad de
muchos empresarios.
Otra
de las críticas es que los países donde ocurrió una revolución socialista no
fueron precisamente aquellos donde existía la industrialización, sino que eran
estados predominantemente de economías agrícolas, de hecho algunos autores señalan
que Rusia constituía un país donde se mantenía el feudalismo. También
consideran imposible el paso del socialismo al comunismo, pues quienes detentan
el poder en el régimen socialista tendrían que abandonarlo para que pudiera
existir una sociedad sin clases, lo cual no estarían dispuesto a hacerlo, esto
es señalado por lo tanto como un error de su teoría. Es justo señalar en esta
parte, que no puede culparse a Marx por las interpretaciones y adaptaciones que
hicieron de su teoría los políticos que posteriormente enarbolaron sus ideas,
quienes de paso se agregan a su nombre, tales como marxismo-leninismo o
marxismo-maoísmo, de ahí el surgimiento de la frase de que si Marx viviese en
nuestros días, no sería marxista.
Existen
además críticas adicionales íntimamente relacionadas con la economía que surgen
sobre todo por el contraste con la situación actual. Una de ellas es la teoría
del valor del trabajo. Hoy se dice que no es la cantidad de trabajo empleado en
la fabricación de un bien, lo que lo hace valioso, sino que el valor se lo
otorga el comprador o usuario del bien, así se pudo trabajar mucho en la
fabricación de un producto, pero si nadie lo quiere o lo necesita su valor será
nulo. Otra señala que la clase dominante no estaría en relación con el propietario
de los medios de producción, sino que lo importa es la posesión del capital, lo
que vemos en las grandes empresas financieras que no poseen medios de
producción porque no fabrican nada y del lado contrario existen trabajadores
que son dueños de medios de producción y sin embargo no son la clase dominante
porque carecen del capital que los encumbre a esa posición.
REFERENCIAS
Aragües, J. (2015). Marx.
RBA



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