PENSAMIENTO NIETZSCHEANO

 

Friedrich Nietzsche (1844-1900), representa el maestro de la sospecha de múltiples interpretaciones dada su forma de escribir en la que se vale de recursos literarios tales como la metáfora, los aforismos  las parábolas, unido al hecho de que  su obra no constituye un sistema filosófico. La imagen de alguien que ataca a Sócrates, a Platón, al cristianismo, al racionalismo, que sufrió terribles enfermedades y que fallece en la locura, nos puede hacer pensar que  Nietzsche era un ser amargado y que odiaba a todos, pero sería una imagen falsa, en esencia era un vitalista y alguien que decía si a la vida (a esta vida) tal como se explicará más adelante.

Nietzsche se dedicó a expresar por qué la moral tradicional puede ser considerada una enfermedad que lleva al ser humano a un estado pasivo de ignorancia, y a sentir cargos de conciencia que no alcanza a comprender; o en otros casos, a experimentar sentimientos de venganza y rencor. En este sentido identifica el origen de las concepciones sobre el bien y el mal; y acusa a la filosofía y a la ciencia, así como al lenguaje, la religión, la cultura y la tradición, de maniobrar tales conceptos e imponerlos con la finalidad de mantener el poder (Huitron, 2018),  por eso igualaba tales valores con una “moral de esclavos”.

Ya que la fuerza impulsora de la civilización ha sido siempre la búsqueda del poder antes que tratar de encontrar lo útil y beneficioso (Hernández, 2015), rechazar la moral cristiana y los valores producidos por la tradición filosófica, significaba exaltar la vida lo que implica hacer una revaluación de los valores (Gaarder, 2018). En este sentido culpa a Sócrates por ensalzar los valores apolíneos tales como la sobriedad, la mesura, lo elevado, lo racional contra los valores dionisiacos los cuales comprendía el desorden, lo excesivo, lo terrenal e irracional (López, 2017). De igual forma se critica a Platón por señalar que este no es el mundo real, sino un mundo aparente y al cristianismo porque apoyado en Platón indica que el mundo real es el de la otra vida (el cielo), el de una promesa que implica que en esta otra vida hemos de pasar por sacrificios y privaciones para poder alcanzarla.

 

Nihilismo y Eterno Retorno

 

La palabra nihilismo fue creada por el escritor ruso Iván Turguénev (1818-1883), como la característica más resaltante de un personaje de la novela Padres e hijos (1862), en general se trata de una forma de asumir la vida que consiste en no aceptar ninguna autoridad, ni ningún principio como artículo de fe en el que no haya ninguna prueba, ni seguir algo solo por la tradición, donde además se cuestiona la falsa moralidad. Heidegger pensaba que en el nihilismo no queda nada del ser en sí, es reducirlo a un mero valor. Mientras que para Nietzsche su realización implicaba tres momentos, en primer lugar dar muerte a Dios (quien representa los valores caducos), segundo tomar consciencia y finalmente ejercer la voluntad del poder.

Pantoja y Zúñiga (2006) destacan su carácter peyorativo cuando es aplicado a quienes rechazan los valores positivos y no creen en nada, identificado con el escepticismo y la amoralidad. Nietzsche en este sentido lo iguala con el rechazo a los valores religiosos y morales, pero rescatando los valores vitales en correspondencia con los instintos primarios. Es decir para Nietzsche, no se trata de no creer en nada y no tener valores, sino de rechazar los tradicionales, los impuestos que son asumidos como falsos. Significa por lo tanto, que existen dos formas de nihilismo uno pasivo y otro activo, aunque a ambos los une el desacato a los valores tradicionales, pero mientras el pasivo implica la decadencia espiritual, el activo por el contrario envuelve engrandecimiento y reafirmación, (Muñoz, 1995).

Adicionalmente Nietzsche expone su idea del eterno retorno, la cual implica “Amor Fati”, comúnmente traducido como amor al destino y es la idea de que lo que sucede y sucederá ya ha pasado antes y seguirá pasando, por lo que nos llama a no temer al futuro incierto, pues todo pensamiento insignificante que se ha tenido se volverá a tener, la existencia se repite, cada momento debe ser deseado con la misma intensidad para apreciar de esta forma la vida, reconociendo que no se tiene control sobre las circunstancias lo que justifica valorarlas tal como son.  De este modo el eterno retorno “se presenta como un reto y como una noción que puede educar, transformar al que la asuma” (Muñoz, citado, p. 33).

 

Vitalismo

 

Este concepto significa exaltar y afirmar la vida, se contrapone con el racionalismo, porque explica que la razón proviene de la vida y no al revés, por lo que  no se aceptan explicaciones mecanicistas, se sostiene que la libertad es la esencia del ser humano. Esta idea por ser opuesta a la razón se le asocia  también con el irracionalismo. Significa además no tener rencor hacia la vida, que es considerada como un valor supremo, el cual es negado por el dios cristiano. Implica asimismo no querer cambiar nada de nuestra existencia que, a pesar de los sufrimientos es una aventura.

Nietzsche presenta al vitalismo como el intento más radical de hacer de la vida lo supremo. Es así como la existencia no tiene un fundamento exterior a ella, sino que posee valor en sí misma, la cual se entiende esencialmente en sus características biológicas, instintivas, irracionales. La vida significa creación y destrucción, es el contexto del dolor y el placer. Por esta razón, Nietzsche juzgaba el valor de la metafísica, la teoría del conocimiento y la ética a partir de su oposición o afirmación respecto a la vida, (Echegoyen, S/F).

 

El superhombre

 

El término en alemán es Übermensch y se trata de aquella persona que sobresale moralmente, que llega a ser quien es en realidad que alcanza su máxima potencialidad como consecuencia de un proceso de superación continua Ya que Dios está muerto se constituye en su propio Dios, se libera entonces de la moral de esclavo y crea sus propios valores, acepta sus instintos y es dueño de su vida. Esto le permite recuperar el significado que estaba fuera, por lo que vive la vida actual y no para una que vendría después de la muerte.

Mientras el hombre actual es un ser domesticado, el superhombre es una persona superior, autónoma y libre. En un mundo sin Dios cada uno es el responsable absoluto de sus actos y construye los propios valores porque vive en una libertad sin temor a castigos divinos. En consecuencia, este individuo supera el nihilismo que es producto de  valores indignos (Hernández, citado), solo responde a sí mismo y no acepta enseñanzas supraterrenales, (Fernández, 2020).

 

Reflexión

 

Este paseo por los pensamientos de este filósofo me ha permitido deshacerme de algunos prejuicios que tenía antes de mirarlo más de cerca. Entiendo ahora que su obra haya perdurado y perdure. Para abordar este tema me propuse encontrar algunas críticas a su obra y solo conseguí interpretaciones erróneas o malintencionadas. Que si fue racista, antisemita o misógino y otras acusaciones que hayan querido endilgarles, todas han sido demostrada que son falsas. Para mí su obra representa el optimismo y amor por la vida, la búsqueda de la felicidad en el ahora. Me conmueve que como otros personajes de grandeza esta no se le haya reconocido en vida, de que la locura consumiera sus últimos años, pero me reconforta de alguna manera entender que él lo asumiría desde la tranquilidad que genera el Amor Fati.



REFERENCIAS


Echegoyen, J. (S/F) Historia de la Filosofía https://bit.ly/3B0xSCO  

 Fernández, J. (2020) La fuerza natural del superhombre según Nietzsche https://bit.ly/3y6qvrK

 Gaarder, J. (2008). El Mundo de Sofía. Siruela

 Hernández, J. (2015) Nietzsche RBA

 Huitron, A. (2018). La forja de una identidad ética en el pensamiento de Nietzsche En-claves del pensamiento, (XII) 23 https://www.redalyc.org/journal/1411/141156420001/html/  

 López, J. (2017). Nietzsche y lo Dionisiaco. Diario Digital Siglo XXI. https://bit.ly/3DacYmI

 Muñoz, E. (1995) Eterno retorno e historia: El caso de Nietzsche. Revista Filosofía Universidad de Costa Rica 34 (80) 31-39 https://bit.ly/3zbe7Yy

 Pantoja, L. y Zúñiga, G. (2006). Diccionario Filosófico. Nika.


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